Me emputa tanto, que mis amigos me van a odiar


2015-05-16 16.07.21

Guatemala es un país que siempre he sentido como uno condenado a repetir la historia, condenado a sufrir una y otra vez los mismos hechos desgastantes, las mismas muertes sin sentido y las mismas acciones de cambio sin mayor éxito.

Guatemala es un país que nada carece en comparación con otros, desde climas casi desérticos a pequeños puntos en los que es posible disfrutar de la nieve, temperaturas ideales todo el año, bosques envidia de cualquiera, una riqueza biológica inigualable, costas en dos océanos y por si fuera poco, casa de una cultura milenaria.

Guatemala sigue siendo hoy un oasis muy particular, en el que la aceptación, el conformismo y la resignación forman parte de la vida diaria, un país en el que preferimos acostumbrarnos a algo, en lugar de perseguir un cambio; un lugar en el que las esperanzas individuales mueren cada día.

Guatemala hace años llegó a un punto de inflexión, en el que un estallido social se hace inminente, y afortunadamente este se ha dado de una forma distinta a todos los estallidos de nuestra historia, liderado sin querer por los pocos afortunados del país, los pocos con acceso a una calidad de vida mejor al promedio, los pocos con acceso a acceso a educación de nivel medio y superior, los que a su vez han servido de ejemplo a aquellos que menos fortuna han tenido.

Guatemala despertó, pero lo ha hecho de forma parcial, mientras algunos empezamos a levantar la voz de formas que alcanzan a algunos pocos, otros empiezan a tomar el control de la situación utilizando las armas legales y los medios pacíficos necesarios, y cualquier medio a su alcance para intentar abrir los ojos de aquellos que aún no participan, ya sea por miedo o por simple conformismo.

Guatemala despertó, pero aún gran parte de la población sigue dormida, quejándose de la situación y exigiendo que regresen lo que ha sido robado, pero sin alzar su voz más allá de quejas vacías que no llevan a ningún lugar, porque se limitan a pequeños círculos de familia o amigos, que en soledad carecen del poder para generar un cambio real y poderoso, que si surge de las grandes masas que parece ya se empiezan a conformar.

2015-05-16 17.00.30

Guatemala despertó, pero la mayoría se niega a abandonar su comodidad y abandonar el confort de vivir en una situación terrible, pero conocida, de vivir acostumbrados al miedo de salir a la calle, de ser víctima de la violencia, de ser uno más en medio del caos, un caos que a la vez ya acepta, lamentablemente, como un hecho cotidiano.

Guatemala despertó, pero no admite que ha permitiendo que se perpetúe esta situación, la que ha llegado a estos límites por la misma irresponsabilidad de aquellos que prefieren no denunciar, no denunciar a cambio de no perder el tiempo en una causa sin resolución, pero renunciando a su vez a su derecho de justicia, que bien por peso propio en conjunto con otras denuncias generarían suficiente presión para generar cambios.

Guatemala despertó, y con ella desperté, solo para darme cuenta que muy pocos a mi alrededor están dispuestos a pasar del rechazo y la crítica recurrente a acciones aparentemente inútiles, pero que en los últimos días, a diferencia de otras ocasiones, han causado que más personas como yo, despierten y empiecen a alzar la voz, tan lejos o tan cerca como a mi vecindad o al otro lado del planeta.

Guatemala es un país como pocos, que obtuvo su independencia sin pagar el precio que otros pagaron, y es tal vez, por esto, que como guatemaltecos no valoramos nuestra independencia, e ignoramos nuestra obligación y la necesidad de luchar por nuestros derechos y de exigir un país que camina hacia adelante, de rechazar uno que se ha quedado detenido en el tiempo, por la misma mentalidad chapada a la antigua de que solo una cabeza dirige al país, cuando esto jamás ha sido verdad.

Guatemala despertó y desperté con ella, y estoy harto de escuchar críticas hacia el gobierno, más aún de personas que jamás han ido a emitir su voto, tanto o más que de personas que se aprovechan de la “gratuidad” de los sistemas de salud y educación, pero que jamás pagan impuestos y que jamás cumplen con sus obligaciones ciudadanas, pero estoy más harto aún de aquellos que viven quejándose y obviando lo que sucede hoy frente a sus narices.

Guatemala despertó, pero sigo harto de escuchar sobre la ineficiencia e ineficacia de un gobierno, de escuchar a mi familia y a mis amigos quejarse de la situación, de vivir con miedo, y de la ironía e hipocresía de negarse a tomar acción y formar parte de algo; algo que espero sea más que una expresión temporal, un medio que debe ser propio e individual, hasta que sea capaz de generar una acción grupal, la forma o los medios mientras sean pacíficos y legales, no importan, no importa mientras cada quien encuentre la forma que pueda o quiera utilizar, siempre que esta sirva de ejemplo para bien.

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Guatemala despertó, y aunque llevo años despierto, esta vez me levanté y ya no puedo quedarme más tiempo en silencio, en la comodidad de mi casa, de mi vida, de mi mundo; miles han alzado la voz de una u otra forma, cada quien en lo que sus propios medios le permiten, de la forma en que su creatividad los motiva y no veo una razón para que el resto no tomemos acción y hagamos lo mismo; y por medio de acciones particulares generemos consciencia y promovamos los primeros pasos de un cambio, un cambio que es para todos, y no para unos cuantos.

Guatemala es hoy lo que nadie en sus cinco sentidos quiso que fuera, un estado fallido, un estado en el que la representación del pueblo es lo mismo que el pueblo que calla y otorga, lo mismo que cada persona conformista y resignada que acepta vivir con miedo, para no enfrentar el miedo de alzar la voz, por no enfrentarse a lo desconocido, incluso cuando esta simple posibilidad sea ya lo mejor que nos pudo pasar, un grito que ha unido generaciones y ha roto paradigmas.

Guatemala ha dado ejemplo al mundo, irónicamente cuando menos lo esperaban de nosotros, cuando nadie nos recordaba y cuando ha sido demasiado tarde para evitar miles de muertes injustas e injustificadas, pero aún no es demasiado tarde para empezar a generar un cambio liderado por aquellos que ya estamos hartos de la misma historia, aquellos que aunque no tenemos la capacidad para generarlo por medios propios, podemos ser generadores de ideas e ideales, para que aquellos que si poseen los medio puedan iniciar con pie firme el cambio que todos necesitamos con tanta desesperación.

Guatemala pide a gritos un cambio, y mi voz en conjunto con los pocos miles que han tomado la decisión de salir a las calles, de escribir sobre la situación, de hablar públicamente aún rompiendo la eterna “neutralidad” de la prensa; simplemente no son suficientes cuando millones más siguen siendo nada más que inútiles observadores que esperan que otros generen el cambio; volviéndose a su vez parásitos del cambio que otros queremos alcanzar.

Guatemala es su pueblo, y soy parte de esta Guatemala que está cansada, desesperada e incluso harta de lo mismo, pero estoy más harto y emputado de la indiferencia en acciones de aquellos a quienes quiero, valoro y aprecio, y que veo luchar día a día por alcanzar un futuro mejor, pero que a la hora de unir fuerzas y tomar al menos una simple acción, eligen no participar en ello.

Guatemala está llena de malos guatemaltecos que no apoyan, pero que si eligen participar en fiestas, reuniones, salir a comer, ir al cine, hacer deporte o simplemente hacer gala de la pereza y quedarse viendo a los pocos, representar a los muchos, a través de una pantalla de televisión, sin intentar generar un cambio, sin apoyar a generar presión; en lugar de detener su mundo por unas horas, romper con la rutina y “luchar” hombro con hombro por un país ideal, sin más separaciones y sin más diferenciaciones.

Guatemala, es mi país y el país de la mayoría de mis amigos y familia, el país que muchos extranjeros han hecho su hogar, extranjeros que irónicamente se han hecho presentes en las calles apoyando a sus parejas, a sus hijos, a sus amigos por generar un cambio en el país que hoy llaman “hogar”, y a esos que eligen la pasividad, como yo lo he hecho antes, aun en medio de mi imaginación, hoy les digo… No se vuelvan a quejar de nuestra situación, si no son capaces de formar parte de esto, esta es la oportunidad que hemos estado esperado por años, y que difícilmente se volverá a presentar.

Guatemala, ya estoy harto de la indiferencia, de hacerme de la vista gorda, de voltear la mirada, de dar por garantizada y eterna la comodidad de mi vida y más aún de la aceptación, conformismo y resignación de casi todos aquellos que me rodean. ¡¡¡Ya no más!!!

2015-05-30 16.53.10

~ por Diego Guate en junio 1, 2015.

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