Todo sigue igual


Cada año entre mis anhelos y metas, entre mis sueños pendientes está ver, notar, producir y motivar un cambio en mi país, Guatemala. Cada año me descubro antes la misma realidad, una realidad que se niega a cambiar, o al menos no lo hace para bien.

Cada año insisto en culpar a cada persona sobre el cambio que no se llega a producir, cada año espero ese cambio, y cada fin de año acepto que una vez más ese cambio no se produjo, al menos en la forma notoria a simple vista que yo esperaba.

Se que no puedo generar un gran cambio en solitario, e intento por ello generar consciencia, hacer que quienes me rodean escuchen lo que tengo que decir, y generar un debate, sobre lo que nos ha llevado a estar en la situación actual.

En los pocos debates constructivos, realistas y justos que he presenciado, he notado que siempre se acusa a los políticos, y nunca se espera más de ellos, simplemente que hagan su trabajo, pero nunca he escuchado a nadie que busque la forma de hacerse escuchar y exigir que ese trabajo sea hecho.

En Guatemala como en la mayoría de países en vías de desarrollo, la mayoría de los políticos se perpetúan en un cargo, algo que puede ser productivo para el pueblo y para el político, aunque generalmente sólo sucede lo segundo. Al contar con una estabilidad y continuidad en un cargo, la persona llega a conocer las particularidades, a entenderlas y a poder actuar en base a experiencia y con respaldo, algo que no sucede si el cambio es muy recurrente y no existe los bancos de información adecuados.

En general en cualquier debate se acusa a los políticos de no actuar, de obstaculizar y de nunca hacer su trabajo, incluso se recalca la falta de preparación académica y por ende no se esperan resultados durante sí estancia en determinado puesto. También se olvida que cada político fue promovido por una organización política, que a su vez fue elegida por el pueblo, como una representación se si mismo.

Por lo tanto, el problema no son los políticos, el problema es el mismo pueblo que exige y en realidad no pasa de expresar su descontento, sin exigir acciones de formas legales, con procedimientos establecidos dentro del marco legal del país; es cierto que las leyes en su mayoría nos son desconocidas y que es necesario buscar asesoría, algo que es posible si en realidad se desea cambiar la situación.

El pueblo tiene el derecho, y en mi punto de vista, la obligación de elegir a sus representantes, tanto como la obligación y el derecho de exigir que estos velen por sus intereses en conjunto y no por intereses particulares; a la vez, el pueblo debe de dar el ejemplo, respetando las normas establecidas, velando porque se cumplan y aceptar que sean infringidas bajo ninguna circunstancia.

Por dar un ejemplo, la ley de tránsito tiende a ser clara y aunque carece de algunas especificaciones, en general, es de fácil comprensión y de fácil aplicación, por lo que observar varias veces al día que es infringida e ignorada es una prueba de la falta de respeto que impera y por ende de lo que se puede aspirar en términos nacionales; si el pueblo no respeta las normas más simples y de aplicación general, como no cruzar un semáforo en rojo, como se puede esperar que cualquier político cumpla leyes más específicas.

Otro ejemplo, más cultural que legal, la limpieza de calles y avenidas, como es de esperar las calles de una ciudad densamente poblada como es la Ciudad de Guatemala, tienen a ensuciarse con frecuencia y a esto se suma la irresponsabilidad y falta de sentido común de propios y extraños de tirar en ella restos de productos, restos que en la mayoría de los casos se pueden cargar por un tiempo, hasta encontrar un depósito apto para deshacerse de ellos y evitar así generar un mayor grado de contaminación ambiental, visual y con una conducta continuada, incluso problemas en drenajes en épocas lluviosas.

En Guatemala todo sigue igual, aunque se han hecho grandes avances en distintos campos, la realidad nacional no va a cambiar mientras el pueblo, que es en esencia el país, no cambie las conductas auto destructivas y perjudiciales que le caracterizan.

~ por Diego Guate en enero 2, 2014.

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