Extraño


A lo largo de mis días, de mis sonrisas, de mis momentos sin sonrisas, de mis risas sin razón y mis enojos sin porque; me descubro ignorando tu presente y extrañando un pasado que fue y jamás volverá a ser.

Extraño momentos bizarros que en su tiempo parecían tonterías y expresiones sin valor; extraño nuestras miradas cómplices, nuestras risas disimuladas, nuestras huidas en secreto. Extrañó despertar y encontrar un mensaje sin leer, descubrir una palabra de aliento en días sombríos y escuchar pronunciar mi nombre con esa emoción que sólo tu has sido capas de transmitir.

Extraño disfrutar el momento y dejarme llevar por ti, disfrutar cosas que sin ti son sólo eso, cosas. Extrañó ver tus programas de televisión, escuchar tu música y preocuparme porque no te hayas perdido un sólo segundo de ellos.

Extraño tus explicaciones perfectas, que me robaban la atención aún sin quererlo, extraño esa sensación al sentir tus dedos entre los míos, tu sonrisa de niña traviesa y el brillo en tus ojos antes de hacer eso que llevabas minutos tramando.

Extraño tus abrazos y sentir tu perfume en mi camisa, ir de compras con mi modelo personal; extraño preguntarme como te veré vestida cada día, si como la inocente que no mata una mosca o la rebelde de la que el mundo puede esperar una sorpresa, la que despertó con ganas de ser vista o la que simplemente decidió estar cómoda y dejar el glamour de lado.

Extrañó hablar de historias plasmadas en papel, de tus ideas retorcidas que me hacían soñar imposibles, del futuro en años y jamás en días; extrañó pensar que escribimos una vida juntos y hoy espero encontrar a alguien que consiga despertar en mi el deseo de hacer aquello que de otra forma no haría.

Extrañó querer ver programas de televisión, leer libros, revistas, ir a lugares diversos y comer cosas que de no ser por ti, cosas que jamás hubiera hecho por mi. Extraño tanto hacer cosas por ti, como verte hacer cosas que sé hubieras elegido no hacer, cosas que sin embargo hacías conmigo, por mi.

Extraño consentirte, ser el hombre que pasa de cursi a bromista, que te aburre de mensajes, que nunca se cansa de hacerte reír y que se lleva la camisa marcada con tus lágrimas cuando algo te hace sufrir. Extraño nuestras pláticas de horas, pláticas sin sentido que me mantenían al teléfono sin ser más que momentos, momentos sin palabras, momentos llenos de emoción.

Extraño tus atenciones y tus reacciones, tus sueños y el como se mezclaban con los míos, extraño el sentir que mis sueños son posibles aún dentro de lo imposible, extraño ese simple “Ok” que significaba todo o nada, según el tono de tu voz y el gesto que le siguiera.

Extraño tus regaños, esas palabras justas en el momento necesario, esas palabras que a pesar de tu enojo, a pesar de lo que realmente eran, amaba escuchar. Extraño tus regalos, esos objetos que jamás pensé necesitar y sin los cuales ahora apenas puedo vivir, esas necesidades que sólo tu sabias crear y que sólo tu sabias satisfacer.

Extraño tanto de ti, que en algún momento llegue a pensar que extraño más aún, a aquel que hacías que fuera, aquel que daría el mundo por ti, que movería cielo y tierra por verte sonreír. Extraño tanto, tanto, que los recuerdos son lo suficientemente grandes como para darme fuerzas, darme la capacidad de soñar y anhelar a una, que no será como tu, pero que sabrá despertar en mi de otras formas, aquello que me hará tener miedo de perderla, aquello que me hará luchar por ella, como luche por ti.

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~ por Diego Guate en diciembre 12, 2013.

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