Guatemala: Ciclos eternos


En Guatemala al parecer todo es un ciclo, todos exigen cambios para un mejor futuro, irónicamente quien más critica y exige es quien menos dispuesto a cambiar esta. El guatemalteco en algún momento se volvió un ser pasivo, que siempre quiere recibir sin tener que hacer algo por ello. En algún momento alguien pensó que ofrecer servicios de salud y educación gratis era lo mejor, y olvido considerar que todo esto tiene un costo.

Miles de personas reciben asistencia en centros de salud y hospitales financiados con el presupuesto del país, pero difícilmente alguno de ellos aporta económicamente a su funcionamiento, bien sea a través de pagar sus impuestos o realizando donaciones. Mientras aquellos que si lo hacen, jamás hacen uso de estos servicios porque simplemente se encuentran en un punto de saturación y su funcionamiento es ineficiente, sin hablar de otros problemas internos.

Otros se quejan de la mala infraestructura del país, la falta de mantenimiento y la falta de proyectos que promuevan el desarrollo socioeconómico. Y de nuevo olvidan que se necesitan recursos económicos para poder realizarlos, e ignoran que muchos de los que si se realizan se llevan a cabo por medio de donaciones de países amigos.

Todos sufrimos a diario algún problema producto del abuso del medio ambiente, en el caso de las ciudades la falta de áreas y espacios naturales, espacios que de existir están condenados a desaparecer por invasiones o por la compra de empresas sin visión ambiental, hechos aceptados e incluso motivados por razones que en un futuro serán irrelevantes, todo, porque existen otras opciones más aptas.

En zonas rurales, e incluso en áreas cercanas a las ciudades, existen problemas directos por la deforestación y la construcción en serie sin considerar los recursos necesarios para la subsistencia de estos, olvidan que al talar y asfaltar grandes zonas, las cantidades de agua subterránea de la cual se abastecen jamás se van a mantener, y gradualmente van a desaparecer.

En muchos puntos del país no existen sistemas de tratamiento de aguas negras, y son vertidos directamente a ríos, lagos, lagunas e incluso al océano, generando contaminación y con el tiempo daños ambientales extremos, que al final van a afectar a las mismas poblaciones que los causaron.

Socialmente todos hemos sido o al menos conocemos a alguien que ha sido víctima de las circunstancias y del estado caótico de la sociedad, víctimas de la corrupción o de la violencia social, aunque miles afirman desear un cambio, jamás denuncian o continúan con el proceso de esa denuncia.

En Guatemala la mayor cantidad de crímenes quedan impunes, las razones son muchas y van desde un sistema político que no funciona, hasta la aceptación y justificación de la misma víctima. En algún momento la víctima de estas circunstancias dejo de ser el afectado y se convirtió en el causante, al haberse encontrado en el lugar o momento más inoportuno, o haber llamado la atención de alguna forma.

Los ejemplos de corrupción y caos social son infinitos, en mi forma de ver, se pueden resumir en sobornos y evasión de obligaciones. Sobornos cada vez que aceptamos pagar por algo de formas no claras, no transparentes, que evaden los procedimientos y procesos establecidos para alcanzar algo. Con observar las acciones de partidos políticos, que representan al pueblo, podemos hacernos una idea de la magnitud del problema.

Mientras la evasión de obligaciones se da por medio de no denunciar, no continuar el proceso hasta obtener una sentencia, de exigir beneficios pero evadir las responsabilidades económicas – declaración de impuestos, pagos de salarios en base a lo legal, aceptación e incluso justificación de abuso -.

En Guatemala nos hemos acostumbrado a ser víctimas, incluso en algún momento nos gusta serlo, nos volvimos una sociedad masoquista, una sociedad morbosa que disfruta saber que otros también han sido víctimas; en algún momento decidimos que lo mejor era cercar nuestros hogares y evitar así el ingreso de terceros, se nos olvido o elegimos olvidar que somos mayoría y que nuestra libertad vale mucho más.

Olvidamos ser una sociedad previsora, responsable y con ellos aceptamos e incluso buscamos lo que hoy nos afecta. El ejemplo más claro de esta aceptación se puede observar en cualquier parte del país, con cuerpos de seguridad privada, en lugar de exigir y velar por que la seguridad pública sea más eficiente y capas de cumplir la razón por la cual existe; otro ejemplo es que en cada semáforo al no reportar a todo aquel que no cumple con las normas de circulación establecidas, al aceptar que se ignoren las señalizaciones y justificar la falta de cortesía, como uso de luces o señales con la mano, e incluso la reducción de velocidad en áreas con afluencia peatonal.

En fin, puedo seguir hablando en círculos sobre nuestros problemas sin que estos vayan a cambiar, al menos no lo harán mientras sigamos aceptando los atajos legales, elijamos ignorar nuestras obligaciones sociales, políticas y económicas.

~ por Diego Guate en agosto 2, 2013.

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