Escrito con sangre


En Guatemala desde que tengo memoria el hablar y opinar sobre el conflicto armado interno que afectó al país por 36 años, y que a pesar de haber pasado más de 15 años de su finalización, sigue siendo un tema de debate y conflicto, un tema para no acabar, un tema que me molesta y que no consigo terminar de comprender, porque siempre existirán dos bandos.

Los dos bandos son culpables, los dos hicieron de terceros víctimas inocentes de una guerra sin cuartel que lejos de unirnos, nos separo, una guerra que fomento el odio y el racismo, la pelea de clases y cualquier forma posible de división.

A mi parecer no hubo genocidios, sino masacres, muertes más lamentables por carecer de una razón, una ideología, un sentido real de valor y sacrificio, murieron como víctimas, muchos por órdenes e ideales confusos, otros por defenderse de aquella amenaza que ahora dudo haya existido.

Mucho de cuanto aconteció en esas casi cuatro décadas de conflicto armado, guerra civil, o como quiera llamarsele, jamás se sabrá; muchas palabras dichas jamás volverán a ser pronunciadas, no por falta de memoria, sino por exceso de ideales confusos, que los llevan a escoger uno de los dos bandos y a victimizarse.

Al final de tanto y de nada, de tantas muertes y separaciones sin sentido, tanto tiempo perdido y tanto que pudo haber sido hecho y no lo ha sido por nuestra patética costumbre de nunca olvidar, de nunca seguir hacia adelante sin pensar en el que hubiera sido.

Guatemala escribió en sus páginas interminables párrafos de sangre, interminables historias de víctimas y victimarios, cuando al final ambos estaban y siguen estando equivocados, y sus acciones enlutaron y separaron a miles de familias y amigos.

Se habla de la separación y asesinato de familias completas, siempre de aquellos que fueron masacrados en sus hogares a cientos de kilómetros de los supuestos actores intelectuales.

Se olvida siempre a aquellas familias divididas por esas supuestas órdenes que aunque no sufrieron en carne propia la muerte de muchos de sus familiares, si padecieron la separación forzada y temporal de muchos de sus miembros, con una forma de pesimismo que equivale a su pérdida en la misma forma que los que si sufrieron una pérdida irremplazable.

Esta historia no tendrá final, esta historia tiene muchos rostros, muchos caminos y puntos de vista, muchas víctimas que a su vez fueron victimarios, que niegan ser lo que otros y que sin embargo en algunos casos fueron peor aún que los mismos de los que supuestamente sufrían agresiones.

Todo al final por nada, por una razón sin existencia, por una respuesta vacía que simplemente dice: “todo era más complicado en esos tiempos”.

~ por Diego Guate en mayo 10, 2013.

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