Comprendo


Comprendo que la vida no es fácil, que las cosas pasan por una razón; que no todo lo que hoy poseo es eterno y que aquellos a quienes amo no siempre estarán aquí; que todo tiene un principio y un final que llegara aunque no lo esperemos.

Comprendo que el que siembra, cosecha tarde o temprano lo sembrado; que el que no sembró más que malos sentimientos y errores, cosechara rechazos y malos tratos; que el que sembró amor y entrega cosechara agradecimiento y el mismo trato que dio.

Comprendo que la vida es una sucesión de momentos, que como llegan desaparecen; que los peores momentos hacen que los mejores sobresalgan y tengan mayor valor y que aquellos dispuestos a enfrentar sus fracasos son quienes tarde o temprano siempre triunfan.

Comprendo que soñar es alimentar al espíritu y convertir estos sueños en realidad, un alimento para la autoestima y la seguridad; que los sueños son un simple reflejo de lo que nuestro subconsciente sabe, que nuestro consciente elige ignorar.

Comprendo que alguien sin familia y amigos es la persona más pobre sobre la faz de la tierra, tanto como aquellos incapaces de disfrutar de los momentos de soledad, en que la mayor y mejor compañía es uno mismo.

Comprendo que no todo termina como lo planeamos, y que en más de una ocasión esto es lo mejor que nos puede pasar; cuando termina mejor de lo esperado es un regalo que merece un agradecimiento, y cuando termina peor de lo esperado merece un replanteo y un agradecimiento por las lecciones aprendidas.

Comprendo que no siempre se puede ser positivo y que las cosas negativas siempre nos alcanzan, que todo aquello que llega a nuestra vida nos golpea de una u otra forma, que depende de cada uno si ve con cada nuevo paso un obstáculo o una oportunidad.

Comprendo que hay amores que sólo llegan una vez y que nunca de olvidan; amores como el de una madre y un padre, dispuestos a todo por cada uno de sus hijos; amores fugases que a pesar de durar poco nos dejan marcados en formas que jamás creímos posibles; amores que lejos de morir con el paso del tiempo, crecen y se vuelven más fuertes, tan fuertes que ni aún la muerte puede destruirlos.

Comprendo que aún no he vivido todo aquello para lo que he nacido, que no vale la pena desesperar porque cada momento llegara a mi vida por si mismo, buenos y malos por igual; cada uno de ellos es una enseñanza y me acerca un paso más a quien debo ser.

~ por Diego Guate en abril 14, 2013.

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