Mi nuevo contra mi viejo yo


Hoy sin buscarlo, sin darme cuenta, sin siquiera saber que pensar, leí una interrogante que valga la redundancia me hizo interrogarme, una pregunta tan personal que no pude en ese momento responder.

La pregunta es: el niño que eras estaría orgulloso del adulto que eres hoy?; creo haber leído otras variables de la misma pregunta antes, algo como: el niño que eras estaría orgulloso de la persona que eres hoy? o eres hoy lo que de niño quisiste ser?.

Mi respuesta es: no, el niño que fui, y que a mi forma particular de ver las cosas sigo siendo, no estaría no esta orgulloso de quien soy hoy en día.

No porque sea una mala versión de quien soñé llegar a ser, tampoco porque no haya alcanzado muchas de las metas que una vez me plantee, mucho menos por haber hecho más de una vez aquello que jamás creí ser capas de hacer, o por haber faltado a algunas de mis auto promesas.

Más bien, porque he dejado de ser el soñador que era, aquel que anhelaba ser un protagonista dentro de un cambio social, que despertara en la sociedad un cambio personal, que nos volviera mejores personas, más respetuosas y amables, entre otras muchas características.

He dejado de ser un niño inocente en muchos sentidos, y he despertado en algunas ocasiones partes de mi que una vez odie en otros, no porque fuesen malas, si no, por no pensaba que las razones para despertarlas fueran a llegar a mi vida.

El niño que una vez fui, estaría y esta dentro de mi interior orgulloso de seguir vivo, de seguir generando sueños y anhelos, con mucha menos frecuencia que antes, con mucha menos intensidad que hace unos pocos años, pero siendo aún fuerte, quizás más que antes.

Ese niño que una vez fui, no es capas de perdonarme el haber perdido algunas veces la dirección, el sentido de quien soy y hacia dónde voy, perdiendo muchas veces el rastro, por simplemente dejarme llevar por otros, que aunque aún pueda no parecerlo, jamás han perdido de vista aquello que una vez creyeron capaces de alcanzar.

Como el adulto que soy, si pudiera hablar con el niño que fui, trataría de convencerlo con cuanta razón llegara a mi mente, y como niño que fui, sabría rechazar todas y cada una de las razones, sin aceptar una sola de las excusas y exigiendo que lo que no ha sido hecho, lo sea, y lo que fue hecho incorrectamente, sea corregido.

En sí, creo que el niño que fui, era más impulsivo y menos racional, más apasionado y menos fatalista, y es en cierta forma algo que debo retomar, porque nunca he dejado de llevar en parte de quien soy, a quien una vez fui, a quien quisiera volver a ser, con la sabiduría que sólo la edad puede brindar y la inocencia que sólo la infancia puede garantizar.

~ por Diego Guate en abril 1, 2013.

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