Una oportunidad desperdiciada


Me atrevo a afirmar que en casi todo el planeta en los últimos días se escucho hablar sobre el “fin del mundo” según los mayas. Y aunque este no era el caso, por ser según aquellos que estudian está milenaria cultura, nada más que el fin de un ciclo del calendario maya.

Sí bien es algo significativo para aquellos que descienden directamente de está cultura, y debería de haberlo sido para el gobierno de mi país, me parece de cualquier forma posible una oportunidad de oro pérdida.

Mi país perdió la oportunidad de darse a conocer mundialmente, de dejar de ser de una vez y por todas de ser tomado como un estado más de un país vecino, país con el que nos une la historia en diversas formas, pero del que sin embargo no formamos parte.

Me parece que existe tanto por descubrir dentro de los restos mayas localizados dentro de las fronteras de Guatemala, tanto por compartir con el mundo, y que sin embargo, se está perdiendo por la falta de planificación de sucesivos gobiernos, que olvidan que el turismo es una forma de producir desarrollo y a la vez de generar ingresos, que a la vez permitan la conservación de legados históricos sin igual.

En los últimos días me he debatido sobre sí escribir o no acerca de esto, y simplemente me he dejado llevar, porque considero que es necesario buscar un cambio dentro de mi país. Hemos olvidado que aún somos dueños de una cultura privilegiada, que mantenemos tradiciones y costumbres que en otros países simplemente se han extinguido.

Considero que Guatemala, como la cuna de la civilización maya, tiene el privilegio de poder atraer turismo cultural, tanto internacional como nacional, siendo este último el más importante, dada la necesidad de hacer entender a todos y cada uno de los guatemaltecos que este legado es nuestro, un legado como pocos, con un valor incalculable, que está siendo explotado por países vecinos, que sin embargo no poseen ni la mitad de aquello que nuestra tierra cobija.

Insisto que está oportunidad de oro se perdió, y pudo haberse aprovechado como uno de los pilares para producir crecimiento económico y desarrollo, considerando el poco o nulo efecto contaminante de este, tanto como la capacidad de producir empleos y por ende motivar el consumo interno, que generaría a su vez más empleos y por ende más desarrollo.

Aunque no es tarde para dar impulso a una campaña eficaz, que sitúe a Guatemala como un destino turístico importante, dadas las diversas posibilidades e intereses que la componen.

Es necesario reconocer la existencia de descendientes mayas, y permitir su participación dentro de todas y cada una de las actividades que se realicen y puedan llegar a desarrollarse con fines culturales y/o turísticos, porque no existe nadie mejor capacitado para defender y promover una cultura como aquellos que forman parte de ella desde sus primeros recuerdos.

A pesar de que en los últimos años, muchos de estos descendientes han abandonado su vestuario, su idioma, y en muchos casos sus comunidades para vivir en ciudades de mayor tamaño e incluso fuera de nuestras fronteras, es a estos quienes el desarrollo del turismo debe de beneficiar en primer lugar.

Con lo que podrán tener acceso a una mejor calidad de vida y por ende a una mejor educación, salud y  vivienda, sin dejar de ser dignos representantes de una cultura que aún consigue dejar sin respiración a aquellos que intentan descifrarla.

~ por Diego Guate en diciembre 25, 2012.

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