Un país que no quiere ver


Muchos de los problemas de Guatemala son fruto de una forma de cultura difícil de cambiar, una cultura rica en tradiciones y costumbres; pero pobre en sentido común y muchas veces demasiado conformista, en el que se castiga a quién se atreve a innovar.

Como en todo, todo aquello que sea en exceso es perjudicial y difícil de controlar. Muchas veces simplemente aceptamos las situaciones y olvidamos que pueden ser cambiadas, y esto ha pasado en Guatemala desde hace muchos años.

En algún momento de nuestra historia reciente dejamos de imitar lo bueno que otros países pueden ofrecer, y empezamos a copiar sus formas de vida, olvidando que no somos ellos, olvidando con ello nuestra identidad y las razones que nos hacen ser únicos.

En un momento dejamos de ver hacia adelante, hacia el futuro y nos concentramos en el pasado reciente, en hechos históricos que a pesar de haber afectado a miles y haber estancado el desarrollo del país, son pasado y aunque debemos descubrir y aclarar todo lo que sucedió, no debe detenernos en nuestro camino hacia un mejor futuro.

En Guatemala es común encontrar personas que no pueden escuchar hablar mal de nuestro vecino del norte – Estados Unidos -, y que sin embargo, nunca hacen nada para ayudar a mejorar la situación de nuestro país, sin dejar de resaltar las “ventajas” de vivir allí, olvidando nuevamente que no somos ellos.

Olvidan que los países desarrollados son eso, por su nivel de cultura, por lo que invierten en salud, educación, investigación y cualquier elemento que produzca desarrollo; olvidan que en estos países del “primer mundo”, los ciudadanos pagan impuestos con porcentajes dobles o triples a los de Guatemala.

Olvidan que el que sean países del “primer mundo”, eso no los hace un mejor lugar para vivir, no les da mayor calidez humana, mejor vida familiar, como tampoco les permite disfrutar de la vida en los momentos que hacen que vivir valga la pena.

Irónicamente, a pesar de nuestras carencias es difícil no encontrar a alguien sonriendo en Guatemala, difícil no escuchar una risa y dejar de observar el apreció con que muchas veces se trata a otros; contamos con un positivismo nato, con una fuente inagotable de esperanza y sueños, pero olvidamos hacer nuestra parte.

Guatemala es un país como pocos, con elementos tan valiosos y características tan especiales, que muchos países sólo pueden soñar con tener. Y a pesar de – repito – un eterno positivismo, una eterna felicidad y una capacidad infinita para soñar, es poco lo que hacemos como ciudadanos para cambiar la situación del país.

Muchas veces olvidamos que al igual que nuestro gobierno debe trabajar para mejorar nuestras condiciones, debemos de trabajar por igual cumpliendo nuestras obligaciones, y en caso de ser necesario no dejar de exigir respuestas y resultados de aquellos que hemos elegido para gobernarnos.

En este país de incontables riquezas cualquiera puede ser parte de un gobierno, y esto ha evitado por muchos años que lleguen a altos cargos, quienes en realidad tienen la capacidad para llevar a cabo tareas que el resto sólo podemos tratar de entender; tareas que de realidad producirán cambios y mejoras para todos.

Cada cuatro años, nos dejamos hipnotizar por canciones, palabras y promesas; pero en los siguientes cuatro años olvidamos exigir resultados y en especial de cumplir nuestra parte. Nos dejamos envolver por lo socialmente aceptado y olvidamos ser éticos y vivir con total legalidad.

Vivimos con la cultura de lo “gratis”, del regateo, del descuento, del mañana, y nos molestamos cuando otros pretenden cobrarnos lo justo y en especial olvidamos hacer lo justo. Por esto Guatemala no prospera, no cambia y sin embargo, no perdemos la esperanza de que lo haga.

Hoy somos un país que no quiere ver, con un pueblo que no quiere abrir los ojos, que no quiere darse cuenta que las cosas han cambiado en muchos sentidos, porque hemos decidido cambiar, y no cambian en otros porque permitimos que sigan igual, y lo hacemos cada vez que hacemos algo que rompe con la legalidad.

Queremos vivir en un país de justos, no vemos que no somos capaces de serlo, no mientras estemos dispuestos a evadir impuestos, a pagar por “favores”, a aceptar explotación laboral, a no exigir que el estado cumpla con sus obligaciones, al aceptar e imitar a otros que hacen las cosas “fácil” y sin pensar en las consecuencias.

Guatemala tiene una historia brillante, una historia reciente complicada, un presente confuso que puede ser modificado y mejorado; y puede tener, si deseamos, si trabajamos, si exigimos y cumplimos con nuestra parte, un futuro digno de imitar.

~ por Diego Guate en febrero 11, 2012.

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