Tenemos… El país que queremos


En muchos casos las diferencias pueden ser la mejor característica que un pueblo puede poseer, estas diferencias lo hacen una unión única, difícil de alcanzar y de mantener; irónicamente en algunos países las diferencias nos separan tanto como nos unen.

Hace unos años no hubiera sido capaz de pensar y menos aún de escribir la siguiente frase: “Guatemala es hoy el país que queremos que sea“, para mi hoy es una verdad innegable, debatible y difícil de aceptar, algunas veces he leído y escuchado opiniones que en otras palabras afirman lo mismo.

Guatemala desde siglos atrás ha sido un territorio rico en historia, en recursos y desde siempre beneficiado por la naturaleza, una tierra bendita que cada cierto tiempo paga un precio por ese derecho, generalmente terremotos y lluvias torrenciales.

Guatemala es hoy el país que queremos que sea, porque pocos hacen aquello que saben debe ser hecho; somos hoy capaces de encontrar un culpable en medio de un grupo de inocentes, alguien a quién por mucho tiempo pasaremos la factura de aquello que no fue hecho, o de aquello que no dio los resultados esperados.

En un país en el que los “para mientras” se tornan en los “para siempre”, las cosas difícilmente van a cambiar, no por falta de espíritu, y menos de sentimientos nacionalistas; más bien por esperar que otros cumplan con aquellas tareas que todos como ciudadanos debemos cumplir.

Los cambios son pequeños para cada uno de nosotros, y en conjunto son grandes pasos para un país que parece negar su grandeza, los cambios empiezan en nuestro interior, en nuestra consciencia; los cambios vendrán cuando cambiemos aquello que sabemos no es justo, legal, moral y/o ético de un ciudadano que ama a su país.

Las cosas son tan simples, nadie ha dicho nunca que sea fácil conseguir un cambio, y nadie ha dicho que los cambios se den de un momento a otro; estos cambios requieren de determinación y de ejemplo, tan sencillo como no hacer a otros aquello que me molesta, o en el mejor de los casos considerar la opinión de aquellos a los que podemos afectar, independientemente de sí es en forma positiva o negativa.

Como bien rezan algunas frases populares, cada persona debe empezar por su propia casa, cambiando aquellas actitudes que hoy le molestan de otros, y no aceptando de otros está misma actitud o acción. Por ejemplo: a nadie le agrada caminar sobre basura, entonces, ¿por qué no depositarla en el lugar correspondiente en lugar de simplemente dejarla en la calle?

Sí nos incómoda y desespera escuchar que otros tienden a expresar su molestia por los congestionamientos de tránsito habituales al bocinar y/o maltratar sin interrupciones, ¿por qué hacer lo mismo? Así sucesivamente con cada situación que se nos presenta, llevando a cabo siempre que nos sea posible aquellas que nos harían mejor el día, para con otros cuando nos sea posible, tan simples como una sonrisa o un gesto de cortesía.

Al final, aprenderemos a exigir cuando debemos hacerlo, pero también a ceder cuando no es nuestro derecho; esto desde nuestras cotidianas interacciones, hasta en momentos en que se hace necesario demostrar nuestra honestidad, velando por nuestros derechos y respetando nuestras obligaciones como ciudadanos. Sólo así podremos todos como uno, devolver el lugar que nadie más que nosotros le ha negado a su propio país, por ende a su pueblo, y a su propia familia.

~ por Diego Guate en junio 5, 2011.

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