Un país sin memoria


Vivo en un país sin memoria, un país que olvido su pasado glorioso y su capacidad de renacer, ha olvidado que la fuerza de ser no es algo que queda atrás, es algo que se lleva en hombros, desde el primer momento; un país que olvido que no puede vivir encerrado, tal y como tampoco puede hacerlo el ave que toma por símbolo.

Guatemala olvido que a pesar de los siglos y las caídas, es un pueblo que se ha levantado más de una vez, un pueblo cuyas costumbres y tradiciones han perpetuado su identidad, a pesar de las invasiones y los actos de barbarie. Un país que ha olvidado lo que es ser grande, y lo es ser humilde.

Vivo en un país que ha decidido olvidar los ríos de sangre que han manchado su territorio, y con ello, y sin quererlo, sin desearlo, se ha olvidado de todo aquello que lo hace único, que le brinda la posibilidad de retornar a la grandeza, haciendo uso de la razón y del trabajo.

Guatemala ha olvidado que las decisiones tomadas, pesaran para siempre en la consciencia de su pueblo, y nublarán más aún el futuro de las nuevas generaciones, ha olvidado que es su responsabilidad, y no la de terceros el hacer renacer de sus cenizas a un fénix, enterrado por enemigos, que pretenden parecer amigos.

Vivo en un país, lleno de rencores y repleto de esperanzas, un país como pocos, un país como ninguno; pocos países pueden comparar su historia con la que recorre esta tierra, pocos países pueden comparar su riqueza social, étnica y natural con los pocos miles de kilómetros que conforman el corazón de millones.

Guatemala, no es más, y no es menos que la cintura del único continente que alcanza ambos círculos polares, el único continente en el que el verano y el invierno hacen acto de presencia a su vez, un país situado en una posición geográfica extraordinaria, que sin embargo, no ha podido aprovechar sus ventajas, sino, ha resaltado sus desventajas.

Vivo en un país que ha olvidado su historia, a pesar de la verdad que esconde una serie de palabras “un pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla”, una historia que aún vive en las generaciones que la han sobrevivido, por lo que la fortuna de no dejar atrás aquello que nos ha definido aún es viable.

En Guatemala, por bueno o malo que pueda ser, la historia aún se encuentra en las mentes, en las memorias, en los recuerdos de aquellos que con acción o presencia ayudaron a escribirla, en hombres y mujeres que hoy son padres, abuelos, e incluso bisabuelos; serán ellos los encargados de recordarnos los errores cometidos, si así lo deseamos.

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~ por Diego Guate en febrero 12, 2011.

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