¿Hora de auxiliar? ¡De nuevo!


En los últimos días, se ha hecho cotidiano escuchar y observar publicidad motivada a informar a la población, mientras se solicita a esta su colaboración para con otros, muchas de estas pautas publicitarias, cuentan con el aval de entidades dedicadas a brindar auxilio a miles de necesitados, más no deben y no pueden cargar con todo.

Concuerdo con que nadie (empresa, organización o persona individual) debe de lucrar con la necesidad de otra, a través de la voluntad y el sentimiento de otros, algo, de lo que lamentablemente ningún país queda libre. En Guatemala, muchas empresas toman ventaja de estas situaciones para poder acceder a beneficios fiscales, por medio de brindar apoyo directo o indirecto, a los damnificados.

El problema en Guatemala, no es quién dice o quién hace, es quién no hace lo que debe de hacer. Personalmente siento la obligación de ayudar, en lo que mis posibilidades permiten, siempre que la ayuda que deseo y puedo aportar, no sea utilizada por otros (entidades o personas) para colocar una marca o nombre en la memoria de los necesitados.

Necesitados que lamentablemente son, también, los más incomunicados y muchas veces presas de la ignorancia, el hambre, la necesidad y porque no, también del deseo. Seres humanos con consciencia y capacidad para creer y confiar aún, en las falsas promesas de alguien que podrá tener la intención, más no la capacidad para generar un cambio radical, no sin alcanzar la consciencia y la razón de miles más.

Pienso que la ayuda se debe brindar, sin distinciones, sin banderas, sin insignias, sin nombres, sin rostros; porque esta ayuda es donada y entregada por seres humanos a seres humanos, en la mayoría de los casos motivados a donar por un sentimiento encontrado, entre la tranquilidad de contar con recursos vitales, y el de impotencia de verse en la misma situación, seres humanos que por un factor determinado no entregan la ayuda directamente.

Sí bien la ayuda es necesaria, también debemos recordar que en muchas ocasiones las personas afectadas habitan lugares que por simple razonamiento, y sentido de autoprotección, y supervivencia, no deben de ser habitados – laderas de acantilados, zonas inundables, zonas de deslizamientos frecuentes, etc. -, espacios físicos cuyo riesgo de verse afectados es mayor, por la misma influencia del ser humano.

Olvidamos que en un país, cuyo nombre remembra a la naturaleza, los árboles son un elemento necesario, dadas las escarpadas y accidentadas zonas, que irónicamente, son capaces de generar una belleza sin igual, regalo de un planeta vivo, que cambia, a pesar de nuestra perenne insistencia de evitarlo, mientras motivamos precisamente el mismo cambio.

Nunca digo que no debemos ayudar a estos damnificados, pero sí afirmo, que debemos hacerlos entender que la depredación de la misma naturaleza, en forma descontrolada y no sustentable, aún por motivos de supervivencia, generara en un momento indefinido nuevas catástrofes, que en la gran mayoría de ocasiones son completamente evitables.

Y por lo tanto, generara, una nueva situación de crisis, de la misma forma en que han sucedido, periódicamente y con mayor frecuencia en los últimos años; un ciclo que se reducirá cada vez más, y cuyos perjuicios aumentaran exponencialmente con ello, esto, sin tomar en cuenta los otros riesgos naturales que conlleva, habitar en un país con tal riqueza natural.

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~ por Diego Guate en junio 16, 2010.

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