Haití y la fria realidad


Millones de haitianos han tenido que enfrentar en las últimas horas una situación imposible, difícil en cualquier sitio del planeta, pero imposible en algunos pocos rincones del planeta.

Espero no experimentar en mi vida una situación como la que los habitantes de este país están padeciendo, una situación en la que saben que la ayuda no llegara, en que su propio país es incapaz de auxiliarlos y en la que la esperanza no ha sido lo último en perderse, y la aceptación ya ha hecho acto de presencia.

Los pocos cuerpos de socorro pertenecen a entidades y organizaciones internacionales, con relativa poca presencia en este país caribeño, lo que dificulta aún más el brindar las medidas básicas de auxilio, sumado a la posición geográfica del país que en está ocasión a jugado en su contra haciendo difícil acceder rápidamente a él.

Todo esto, mientras la tierra sigue temblando, y el caos originado por cada uno de estos posteriores movimientos no permite asumir mayores riesgos para quienes intentan ayudar. Mientras la falta de herramientas para trabajo pesado necesario en algunas situaciones, no ha permitido rescatar a miles de soterrados.

Una situación caótica para quienes la padecen, una situación que el sólo recuerdo, hace que millones en países similares – aunque en una situación distinta geográfica y económicamente – deseen aportar algo para estos seres, mientras que se torna desesperante para quienes cuentan a un ser querido y desconocen su paradero.

Al encontrarse en una situación tal, en la cual los servicios básicos habituales son inexistentes – agua potable y electricidad -, y las comunicaciones fallan, y no permanecerán demasiado tiempo en funcionamiento sí no cuentan con un suministro eléctrico.

Sí bien la ayuda a iniciado a alcanzar a la isla, desde el único vecino país, o a través del principal aeropuerto del país; muchos de los médicos que han llegado y otros que se encuentran en camino, son incapaces de realizar operaciones ahora vitales de formas ortodoxas e improvisadas, algo que irónicamente muchos médicos locales sí pueden realizar.

Mientras todo esto sucede otros miles se sientan impotentes, con las manos atadas y las palabras se ahogan en sus gargantas, esperando noticias de sus seres queridos, que bien son originarios de aquella tierra, o que por distintas razones se encontraban en está durante este suceso.

Sí bien, miles necesitan ayuda y mucha ayuda se encuentra en camino, la incapacidad del mismo país para auxiliarse, marcará una clara diferencia, por lo que la ayuda internacional, y en especial la que ya se brinda desde República Dominicana, será vital en los próximos días.

Espero, con toda la esencia de mi ser, y todo lo que soy, y no soy, que la ayuda en camino pueda llegar a tiempo, y beneficie a los millones de damnificados, tanto como espero y deseo que cuando haya llegado el tiempo de que esta tierra, mí país – Guatemala -, sea sacudida de nuevo por un terremoto, la situación sea mucho más controlable y mejor manejada de lo que ha sido en ocasiones anteriores.

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~ por Diego Guate en enero 13, 2010.

Una respuesta to “Haití y la fria realidad”

  1. Comentario…

    [..]Articulo Indexado Correctamente[..]…

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