¡Bienvenido lo inesperado!


Desde hace algunos días, mi inspiración ha estado un poco limitada y centrada a escribir emociones, sentimientos y anécdotas que aún no estoy en posición de compartir, al menos no por acá. Estos días simplemente no he esperado nada y he recibido más de lo que muchas veces espere.

En los últimos días la vida me ha recordado lo afortunado que soy, afortunado en miles de formas y por millones de razones, afortunado porque creo saber quien soy, y me equivoco la mitad de las veces, porque para saber realmente quién soy, olvido que debo verme a través de los ojos de otras personas.

Porque es a través de los ojos de otras personas es que puedo notar defectos y características distintivas de mi persona, puedo aprender más a través de ellos, sin llegar a envolverme a mí mismo en un mundo privado, del que nadie tiene consciencia.

Cada ser humano es un mundo a parte, y cada ser humano es visto por cada persona de formas distintas, y de formas que pueden ser especialmente buenas y porque no, también terriblemente malas.

amigos

Hoy digo ¡Bienvenido a lo inesperado!, porque he recibido muchos y diferentes gestos de las personas a las que quiero, he sido testigo de situaciones de cortesía no usuales en estos años, y he sido testigo también del sincero agradecimiento de quienes los han recibido.

“La vida nos da sorpresas”, como bien dice la frase de la que desconozco aún su procedencia, sorpresas agradables y desagradables, pero al final sorpresas; en su mayoría estas son regalos, bendiciones, premios, ó como se les quiera nombrar, que nos llenan de alegría y nos facilitan enfrentar situaciones, ó en mi caso, recuperar la esperanza.

Hace unos día volví a ver “Cadena de favores”, y recordé la decisión que tome la primera vez que la vi; volví a tomar la misma ya olvida decisión, de hacer cuantos favores me sea posible, sin esperar el regreso de ninguno, lo que es bueno y es a la vez egoísta.

Egoísta, no porque los favores no puedan beneficiar a alguien, no porque no llenen de alegría el día de una persona, sino, porque al hacer un favor quién siente la mayor satisfacción – generalmente- es el ejecutor del mismo, y no así el beneficiario, que sin embargo, sí experimenta cierto grado de alegría, paz y tranquilidad.

Sí bien, las palabras me sobran hoy, creo de tanto que deseo compartir, no he logrado compartir nada en una forma clara, otro día será.

no jodas

Desde hace algunos días, mi inspiración ha estado un poco limitada y centrada a escribir emociones, sentimientos y anécdotas que aún no estoy en posición de compartir, al menos no por acá. Estos días simplemente no he esperado nada y he recibido más de lo que muchas veces espere.

En los últimos días la vida me ha recordado lo afortunado que soy, afortunado en miles de formas y por millones de razones, afortunado porque creo saber quien soy, y me equivoco la mitad de las veces, porque para saber realmente quién soy, olvido que debo verme a través de los ojos de otras personas.

Porque es a través de los ojos de otras personas es que puedo notar defectos y características distintivas de mi persona, puedo aprender más a través de ellos, sin llegar a envolverme a mí mismo en un mundo privado, del que nadie tiene consciencia.

Cada ser humano es un mundo a parte, y cada ser humano es visto por cada persona de formas distintas, y de formas que pueden ser especialmente buenas y porque no, también terriblemente malas.

Hoy digo ¡Bienvenido a lo inesperado!, porque he recibido muchos y diferentes gestos de las personas a las que quiero, he sido testigo de situaciones de cortesía no usuales en estos años, y he sido testigo también del sincero agradecimiento de quienes los han recibido.

“La vida nos da sorpresas”, como bien dice la frase de la que desconozco aún su procedencia, sorpresas agradables y desagradables, pero al final sorpresas; en su mayoría estas son regalos, bendiciones, premios, ó como se les quiera nombrar, que nos llenan de alegría y nos facilitan enfrentar situaciones, ó en mi caso, recuperar la esperanza.

Hace unos día volví a ver “Cadena de favores”, y recordé la decisión que tome la primera vez que la vi; volví a tomar la misma ya olvida decisión, de hacer cuantos favores me sea posible, sin esperar el regreso de ninguno, lo que es bueno y es a la vez egoísta.

Egoísta, no porque los favores no puedan beneficiar a alguien, no porque no llenen de alegría el día de una persona, sino, porque al hacer un favor quién siente la mayor satisfacción – generalmente- es el ejecutor del mismo, y no así el beneficiario, que sin embargo, sí experimenta cierto grado de alegría, paz y tranquilidad.

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~ por Diego Guate en julio 20, 2009.

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