El poder de una madre


hija y madre

Nuestras madres son seres especiales por el pequeño gran detalle de que sin ellas no estaríamos hoy aquí. Son especiales porque son capaces de entendernos sin escuchar palabras, y a la vez son capaces de volvernos locos cuando lo desean.

Los que hemos tenido la fortuna de contar con una propia y de conocer a las de nuestros amigos, sabemos que a pesar de ser amigables o antisociales, cariñosas o frías, consentidoras o lo opuesto, dedicadas o desinteresadas, simplemente no conocen el significado de la palabra “límite” cuando algo o alguien nos amenaza en alguna forma.

Irónicamente, mientras más civilizada – educada y culta -, más instintiva e incluso salvaje suele ser cuando se presentan situaciones que nos pongan en riesgo – a sus hijos -. Siempre he creído que un padre puede perder la cordura fácilmente si sus hijos son atacados, pero una madre pierde todo sentido de preservación propia cuando de sus hijos se trata, es de la única persona que sé puede decir con total certeza que daría su vida por cualquiera de sus retoños – aunque estos tengan 100 años -.

Muchas veces es este mismo gran amor el que las hace tan vulnerables a nuestros ataques inconscientes, a nuestras exigencias e incluso a nuestras elecciones de vida: pareja, número de hijos, profesión o no profesión, e incluso en sociedades aparentemente abiertas la elección a una sexualidad diferente ó la decisión de no formar una nueva familia – muchas veces por el que dirán, y muchas otras porque no quieren ver lo que el mundo ya ve -.

ninos

El talón de Aquiles y el cabello de Sansón en una madre son sus hijos, y es algo que muchas veces como padre un hombre no puede entender, y olvida respetar. Un padre puede querer tanto o más que una madre, y hacer tanto o más que ella por sus hijos, pero nunca podrá contar con ese lazo que nunca se rompe y que nunca existirá entre un hombre y sus hijos; aunque en definitiva podrá crear uno similar e incluso más fuerte, dependiendo de cada uno, aunque en el caso de un hombre es generalmente la hija o hijas, quienes representan su mayor debilidad y que producen su mayor deseo de protección.

Todo esto sin importar si existe o no una relación biológica entre padres e hijos. Lo increíble es que este amor puede ser aún mayor cuando de nietos se trata, lo que es impresionante y a la vez increíble.

Al final no importa que padres son más exitosos, importa más quién logra mantener una relación con sus hijos, algo que creo se logra hablando – produciendo una amistad -, y muchas veces logrando aceptar que en cierto momento debe simplemente apoyar aunque sus sentimientos puedan ser contradictorios, y tratar de evitar caer en situaciones producidas por ideas y sentimientos encontrados que en algún momento odio de sus propios padres.

Creo que para un padre o una madre es más doloroso el no haber estado cuando sus hijos más le pudieron necesitar, aunque no hubiese podido hacer nada, el simple hecho de estar no elimina la impotencia pero posibilita algún auxilio. Aún no soy padre y creo que el trabajo que me va a tocar, va a ser más complejo que el que mis padres y otros que tienen hijos en edades cercanas a la mía han tenido que cumplir, simplemente porque nos tocara volver a atar a una sociedad que ya no reconoce límites morales y éticos, tanto como ha olvidado la necesidad de trabajar por lo que se desea.

nieta y abuela

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~ por Diego Guate en junio 6, 2009.

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