Aquellos amigos


Aquellos amigos

 

En días como los que vivimos, es curioso pensar que todos somos amigos de todos, porque, de una u otra forma todos estamos cerca del otro. Las distancias prácticamente ya no existen, la inventiva humana a alcanzado límites con los que se soñaba, sueños catalogados de locuras, de imposibles; sueños que hoy son tan reales que parece que estamos soñando.

 

Es precisamente en días en los que la comunicación es tan fácil, tan rápida y sobretodo tan accesible, que aunque alguna parte de la población mundial nunca ha utilizado un teléfono, los días en los que alguien tenía que esperar obligatoriamente un tiempo definido que podía ser de días, meses ó incluso años para obtener una respuesta, han quedado en el pasado en casi todo el planeta, y el momento en el que queden definitivamente en el pasado se ha estado acercando tan rápido que no lo hemos notado.

 

 

Todas estas facilidades, me hacen pensar, porque perdemos el contacto con amigos; porque las familias no son tan unidas como lo eran antes, porque ahora a pesar que las distancias si son rápidamente eliminadas las familias se alejan muchas veces más que antes. Porque la tecnología para comunicarse esta presente y es ahora cuando las personas no somos capaces de decir lo que sentimos y lo que queremos, no somos capaces de hacer una simple llamada de vez en cuando para saber sobre algún familiar ó amigo, y sin embargo, si lo hacemos cuando necesitamos de su ayuda para salir de algún problema.

 

Me gusta pensar que soy afortunado, porque aunque muchos miembros de mi familia son desconocidos para mi persona, y muchos otros representan un recuerdo lejano; puedo contar como familia a varios de mis amigos, amigos que se han ganado el título honorario de hermanos para mí, porque puedo contar con ellos cuando sea que los necesite, para celebrar, para llorar, para reír, para pasarla bien, para no estar solo en malos momentos, para ayudar cuando ellos son los que necesitan de mi ayuda, para apoyar cuando es lo único que puedo hacer.

 

Son esos amigos, los que me hacen pensar… ¿Qué haría yo sin amigos?, y la respuesta es simple, tan simple que me hace reír, tan simple que me hace pensar de lo que he sido capaz por contar con el apoyo de esos amigos, esos a veces odiados, y a veces olvidados que me han hecho más transitables los pocos años que he vivido. ¿Qué haría yo sin amigos?, creo que sentarme a llorar, porque de una u otra forma extrañaría esos momentos que no he podido compartir con nadie más, porque no podría ser el pésimo amigo que muchas veces siento que soy, ese pésimo amigo que aunque me empeñe en creer que soy, mis amigos hacen de menos las veces que les he fallado por las veces que si los he podido apoyar, por esas ocasiones en las que no pude hacer nada más que estar ahí, ser un hombro en el que podían apoyarse, ser el único que les decía que todo iba a estar bien, aun sabiendo que no era así.

 

Doy gracias por esos amigos, que más que amigos pueden ser llamados ángeles, aunque a veces quiera olvidarme de ellos, y otras simplemente no pueda hacerlo.

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~ por Diego Guate en mayo 9, 2008.

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