De lo rural a lo urbano…


Nunca a sido de mi agrado, pensar en la posibilidad de dejar de vivir en el lugar en el que llegué a este mundo, y en muchas ocasiones entiendo perfectamente el porque de llevar a cabo un cambio tan importante. Tengo que reconocer que en muchas otras ocasiones, no logro entender el porque alguien deja de vivir en un lugar que quiere ó en el que a convertido en su hogar.

Al día de hoy, considero que Guatemala es un país básicamente rural; un país en el que los lugares realmente urbanos se pueden contar con los dedos de una mano. Para que una población se pueda catalogar como un área urbana debe cumplir como mínimo con poseer: edificaciones privadas y/o públicas, servicio de electricidad, agua potable, alcantarillado, recogida de basura, telecomunicaciones, servicio de correos, transporte adecuado; tanto como debe de contar con zonas reservadas para la creación y mantenimiento de parques y jardines de uso público.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por lo que cada persona que decida migrar a áreas urbanas cercanas ó incluso hacia grandes ciudades del país debe considerar que deberá adaptarse a la forma de vida de la población que allí habita. Algunos de los cambios principales pueden ser el verse obligado a trasladarse grandes distancias desde su vivienda hacia su trabajo, costos más elevados de vida, adaptarse al uso cotidiano de transportes masivos; esto sin tomar en cuenta otros cambios drásticos sobre los que no tiene control como: vivir en zonas con gran contaminación sonora (algo imperceptible para la población urbana original), entre otras.

Con la adaptación de todas las personas a las formas de vida citadinas, inician cambios algunas veces positivos y otros negativos; se hace necesario para las ciudades hacer planes para poder sostener y conservar los servicios públicos, seguridad, salud, educación y muchas veces también planes de expansión o repoblación de determinadas áreas para aumentar la capacidad de viviendas disponibles en las ciudades. Entre muchos cambios que se han vuelto parte de la vida en una urbe.

En el caso especifico de Guatemala, es común observar a muchos viajeros del interior del país que llegan a la mayor ciudad del país, portando sus herramientas de trabajo a simple vista; es común también observar que estas mismas personas carecen en la mayoría de los casos de un sentido de orden y limpieza, que se hace necesario para la convivencia salubre en una ciudad como es la Ciudad de Guatemala. En gran parte de la ciudad, los sistemas municipales de limpieza son adecuados y eficientes, mientras en partes áreas de ingreso a la ciudad pueden ser adecuados, más no eficientes dada la concentración de desechos que se producen.

No quiero decir con esto que cualquier persona que no habite una ciudad carece de un sentido de higiene publica, pero si enfatizar que en muchas ocasiones las personas que si la carecen (que incluso pueden catalogarse también población urbana) tienden a deshacerse de cualquier elemento en cualquier parte de la ciudad, arruinando una vez más la difícil labor de los cuerpos de limpieza municipales.

Entre algunas otras cosas, que no afecta directamente a los habitantes de la ciudad; pero que si pueden perjudicar a los nuevos habitantes, es la costumbre en que aún sobrevive (que por cierto es grata) de mantener en el transcurso del día las puertas y ventanas de viviendas totalmente abiertas, confiando en que no sufrirán nunca ninguna clase de robo. Algo que lamentablemente en la ciudad es algo cotidiano, hecho del cual en algunas ocasiones sufren los nuevos habitantes de la ciudad.

Otro factor que se hace presente al migrar hacia ciudades de mayor tamaño, es la adaptación cultural que llega a ser total en muchas ocasiones; algo que es lamentable dada la riqueza cultural de muchas partes del país, que se ve reducida cada día y abandonada por gran parte de los emigrantes, que abandonan no solo muchas de sus tradiciones y costumbres, sino, también sus vestuarios tradicionales, su idioma original, e incluso adoptan ideales culturales no propios del país.

Debo reconocer, que en pocas ocasiones los nuevos residentes de la ciudad, conservan sus costumbres y tradiciones, perpetúan su idioma original y motivan a su aprendizaje, conservan su cultura y a la vez se adaptan a las forma de vida propiamente urbana. Mientras sin excepción surgen como mano de obra (muchas veces no calificada adecuadamente), aunque también lamentablemente en muchas ocasiones sufren de mayor pobreza que en sus áreas de origen.

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~ por Diego Guate en febrero 25, 2008.

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