Como te digo que…

•agosto 18, 2016 • Dejar un comentario

Como te digo que estoy agradecido, feliz, lleno de emociones, de sentimientos, pero en paz, libre, sin cadenas, sin ataduras, sin miedos sobre lo que siento, sin temores, con cierta seguridad y tranquilidad que nunca antes había sentido.

Como te digo que me tienes, que cada día confirmo más lo que llevo semanas sintiendo, tratando de comprender, de descubrir, de descifrar, analizando cada detalle y que sigo sin saber porque siento tanto, porque no puedo explicar cómo este sentimiento crece y se hace más fuerte, menos egoísta, más puro.

Como te digo que soy el hombre más afortunado del mundo, por sentir lo que siento por ti; por sentir que a tu forma, a tu medida, a tus propios pasos, en tu propia libertad, sin negar tu propia naturaleza, me haces sentirme correspondido y que tengo sin haberlo pedido, una parte de ti.

Como te digo que vales tanto y siento tanto por ti, que me veo capaz de caminar a pie hacia ti, para atravesar la distancia que nos separa, que lloro de alegría y de sentirme completo, rebalsado de emociones que me hacen sentir que todo es posible, que tenía que vivir lo que he vivido, lo que he sufrido, para poder darme cuenta que te amo.

Como te digo que te amo de tal forma que mi razón se agota, que mis palabras se acaban, que siento que jamás he amado a nadie como ya te amo, que siento posible un mañana y por ello disfruto más el hoy, porque me aturde y me llena, el sentirte junto a mí, aunque no lo estés, el poder sentir tu mirada y estremecerme de paz y armonía.

Como te digo que estoy mejor que nunca antes, y que quiero hacerte sentir de la misma forma en que me haces sentir, de la misma forma en que me haces capaz de romper mis propios límites y mis propios miedos.

Mi hoy, mi ayer, mi mañana

•agosto 17, 2016 • Dejar un comentario

Hace un tiempo me di cuenta que no soy igual que la mayoría de personas, nací con una mentalidad diferente, con una forma de pensar y de sentir distinta, con una forma diferente de tomar los límites y las barreras, con una necesidad de ser yo en todo momento.

Desde ese momento hasta hoy, sigo decidiendo cada día a vivir mi vida a mi manera, a satisfacer mi propia necesidad de sentir, de ver, de disfrutar, de actuar, de ser feliz, de no dejar ni un solo sueño siendo sueño, de convertir hasta la menor de mis ambiciones en realidades.
Decidí jamás trabajar tan duro en algo que no me hiciera feliz, en algo que no me hiciera crecer y mucho menos en algo que me corte las alas y mate mis sueños, decidí luchar por mi libertad y mi libertad de decidir en cada momento, desde ese momento estoy porque quiero estar, estoy porque así lo decidí, y no por ninguna otra razón.

Decidí entregarme a mis emociones, a jamás volver a guardarme un sentimiento, a decir siempre lo que pienso, de la mejor forma posible, aunque a veces mis palabras juegan en contra de lo que realmente deseo decir, la diferencia la hace que aquellos que me conocen tienen la libertad de preguntar y cuestionar.

Decidí que iba a ser vulnerable con aquellas personas que quiero en mi vida, que iba a permitirles dañarme y que si eso sucedía los iba a perdonar, que iba a continuar viviendo sin cargas del pasado, viviendo el presente sin pensar en el pasado más allá de lo aprendido y útil para mí presente, y mi visión de futuro.

Decidí no rogar nunca más por la compañía de alguien, decidí dar la misma libertad y comprensión que deseo recibir de aquellos que me rodean, de quienes se atrevan a conocerme y más aún de quién se atreva a amarme por quién soy, con todos mis problemas y mis desaciertos.

Decidí romper mis horarios y vivir sin ver el reloj más que para cumplir con aquellas acciones y tareas que decidí emprender, decidí no permanecer y no forzar nada en mi vida, dejando que si algo llegara a mi, lo haga porque así debe de ser, porque naturalmente surge y me alcanza.

Decidí ser feliz sobre todas las cosas, aceptando que es mi propia responsabilidad el serlo, que no puedo ni debo hacerla una carga de nadie, que solo si soy feliz por mis propios medios y mis propias energías, solo así, soy capaz de compartir mi felicidad y de amar con honestidad, con sinceridad, dando lo que puedo ofrecer.

Decidí romper mis zonas de confort cada mañana, atreviéndome a hacer aquello que jamás hubiese pensado hacer o aquello que siempre deseé y que nunca me atreví a buscar, a alcanzar lo que deseo más allá de mis propias limitaciones, obligándome por propia decisión a crecer más, a ser mejor.

Decidí no aceptar menos de aquello que merezco, y a no hacerme de menos sobre quién soy y lo que soy, a no sentirme más que nadie, a nunca hacer de menos a nadie, a seguir siendo yo sobre todos y todo, porque solo así soy capaz de ser libre y de aceptarme tal cual.

Hoy me veo y me siento diferente en muchos sentidos, pero hoy me siento más yo que nunca, más libre y menos atado a mis miedos, a mí pasado, con menos limitaciones y más habilidades, con menos barreras y con la capacidad de convertir todos y cada uno de mis sueños en realidades.

Hoy me siento capaz de entregarme por completo y de hacer mi parte, de dar todo cuando siento y deseo, todo cuanto me sea posible sin esperar nada a cambio, sin la necesidad de hacer lo que no quiero que me hagan, sin quitarle la libertad a nadie.

Hoy soy capaz de admitir que he cometido errores, que he dañado a personas que he querido y quiero, soy capaz de entender y aceptar que no puedo cambiar el pasado y que no todos llegaran a mi futuro, más que quienes deseen estarlo, aún, cuando sea yo quien ponga barreras para ello, barreras que en algún momento como he hecho antes, derribaré.

Hoy no temo ser yo, y admitir que todo me parece posible, aún lo imposible.

Ni la razón lo sabe

•junio 5, 2016 • Dejar un comentario


No sé cómo, ni desde cuando te siento tan cerca, tanto que me parece extraño no poder abrazarte, quererte como sé hacerlo, cruzar tu mirada con la mía, escuchar tus risas y tus suspiros.

No sé cuando sucedió, pero no imagino irme a la cama sin hablarte, sin verte, sin haberte deseado una buena noche, ni salir de ella sin leer o escuchar tus buenos días.

No sé cómo sucedió, quizás la vida misma nos está jugando una de sus travesuras, o quizás necesitamos el uno del otro para enfrentar lo que hemos vivido, quizás simplemente no existe una razón.

No sé cuál sea la razón, aunque siempre he racionalizado en exceso, hoy mis razonamientos carecen de razón y son reemplazados por oleajes de pasión contenida y deseo.

No sé porque desespero al no saber de ti, ni porque los cientos de kilómetros me parecen surgir de la nada y desvanecerse cada día más, aunque nos separen los caminos y las fronteras, te siento aquí, conmigo.

No sé porque me asusta abrirme contigo, dejarte ver mi simpleza y mi complejidad, y a la vez, no puedo esperar a dejarte hacerlo, tanto como quisiera saber y ver todo de ti, conocer cada risa y cada sonrisa.

No sé desde cuando anhelo un beso de tus labios, una caricia de tus manos, una mirada sin intermediarios, una caminata tomados de la mano o un simple momento de pie frente a ti.

No sé porque te anhelo de tal forma que no puedo evitar dejar escapar algunas lágrimas y varios suspiros, al tratar de poner en palabras lo que no soy capaz de pronunciar.

Me cambiaste

•abril 1, 2016 • Dejar un comentario

Me cambiaste en formas que no sabía que podía cambiar, porque me hiciste sentir de formas y maneras en que nunca espere sentir, me abriste los ojos a un panorama que desconocía a pesar de saber de su existencia.
Me cambiaste para bien y para mal, me abriste hacia nuevas experiencias y oportunidades, pero me cerraste a confiar y dar sin esperar nada a cambio, nos hicimos daño y eso me cambio internamente.
Me cambiaste tanto que no me reconozco, llegue a hacer y pensar cosas por ti, para ti y de ti, que nunca pensé ser capaz unos meses atrás, me hiciste sentir un dolor tan distinto y tan fuerte, que me hiciste ser más fuerte para poder soportarlo.
Me cambiaste tanto que aunque veo mi reflejo y me reconozco en el espejo, soy un desconocido al hacer contacto con mi mirada, una mirada más dura y menos amena, una mirada menos en contacto con el mundo y más en contacto con su propio mundo.
Me cambiaste de tal forma que nada nunca será igual, y por eso te tengo que agradecer y pedir disculpas, porque al volverme lo que nunca fui, también hice lo que nunca quise hacer, dañarte.
Me cambiaste y a la vez me hiciste ser más quien siempre he sido, potenciaste mis fortalezas y mis debilidades, sin que haya dejado de ser quien soy, aún habiendo perdido contacto conmigo mismo por un tiempo.
Me cambiaste y doy gracias a Dios porque llegaste a mi vida, y porque fui capaz de intentar darte todo cuanto soy, aunque no pude darte todo lo que quise y desee, aunque haya fracasado en el proceso, no fracase en intentar, y simplemente eso me hace ser capaz de sonreír y volver a reír, porque al final me perdiste, y yo no, porque en realidad yo nunca te tuve.

  

Lo siento

•marzo 31, 2016 • Dejar un comentario

No sé lo que siento, solo sé que lo siento y que me he vuelto adicto a sentirlo, lo siento de tal forma que mi cuerpo reciente el no sentirlo y mi cuerpo obliga a mi mente a aceptar cualquier posibilidad de sentir y de rechazar cualquier posibilidad de no sentirlo. No sé que me sucede que mi racionalidad se fue al carajo y mi sentido común carece de sentido. No sé que me sucede que no puedo simplemente ser yo a ciertas horas del día, o ser yo sin recibir una llamada o un mensaje que por más frío e insignificante que parezca me ilumina el día. No sé que me sucede, solo se que siento lo que siento y no puedo evitar sentirlo.

  

Nunca, siempre…

•marzo 8, 2016 • Dejar un comentario

   

Nunca
he ambicionado encontrar a alguien que sea mi pareja perfecta, mi medio limón o mi media naranja, pero siempre he ambicionado, deseado, anhelado a alguien capaz de aceptarme tal y cual soy, con mis imperfecciones y mis cosas inmaduras, mis cambios de animo y mi eterna positividad.

Siempre he deseado encontrar a quien me complemente y a quien complemente, alguien con quien nos podamos hacer crecer y alguien con quien no tema ser yo, y que no tema ser quien es cuando está conmigo.

Siempre he deseado ser feliz por mis propios medios, para compartir de mi felicidad con quien quiera compartir la suya conmigo, alguien diferente al resto e igual de inadaptado que yo, alguien que no tema darlo todo a pesar del miedo de no ser correspondido.

Me emputa tanto, que mis amigos me van a odiar

•junio 1, 2015 • Dejar un comentario

2015-05-16 16.07.21

Guatemala es un país que siempre he sentido como uno condenado a repetir la historia, condenado a sufrir una y otra vez los mismos hechos desgastantes, las mismas muertes sin sentido y las mismas acciones de cambio sin mayor éxito.

Guatemala es un país que nada carece en comparación con otros, desde climas casi desérticos a pequeños puntos en los que es posible disfrutar de la nieve, temperaturas ideales todo el año, bosques envidia de cualquiera, una riqueza biológica inigualable, costas en dos océanos y por si fuera poco, casa de una cultura milenaria.

Guatemala sigue siendo hoy un oasis muy particular, en el que la aceptación, el conformismo y la resignación forman parte de la vida diaria, un país en el que preferimos acostumbrarnos a algo, en lugar de perseguir un cambio; un lugar en el que las esperanzas individuales mueren cada día.

Guatemala hace años llegó a un punto de inflexión, en el que un estallido social se hace inminente, y afortunadamente este se ha dado de una forma distinta a todos los estallidos de nuestra historia, liderado sin querer por los pocos afortunados del país, los pocos con acceso a una calidad de vida mejor al promedio, los pocos con acceso a acceso a educación de nivel medio y superior, los que a su vez han servido de ejemplo a aquellos que menos fortuna han tenido.

Guatemala despertó, pero lo ha hecho de forma parcial, mientras algunos empezamos a levantar la voz de formas que alcanzan a algunos pocos, otros empiezan a tomar el control de la situación utilizando las armas legales y los medios pacíficos necesarios, y cualquier medio a su alcance para intentar abrir los ojos de aquellos que aún no participan, ya sea por miedo o por simple conformismo.

Guatemala despertó, pero aún gran parte de la población sigue dormida, quejándose de la situación y exigiendo que regresen lo que ha sido robado, pero sin alzar su voz más allá de quejas vacías que no llevan a ningún lugar, porque se limitan a pequeños círculos de familia o amigos, que en soledad carecen del poder para generar un cambio real y poderoso, que si surge de las grandes masas que parece ya se empiezan a conformar.

2015-05-16 17.00.30

Guatemala despertó, pero la mayoría se niega a abandonar su comodidad y abandonar el confort de vivir en una situación terrible, pero conocida, de vivir acostumbrados al miedo de salir a la calle, de ser víctima de la violencia, de ser uno más en medio del caos, un caos que a la vez ya acepta, lamentablemente, como un hecho cotidiano.

Guatemala despertó, pero no admite que ha permitiendo que se perpetúe esta situación, la que ha llegado a estos límites por la misma irresponsabilidad de aquellos que prefieren no denunciar, no denunciar a cambio de no perder el tiempo en una causa sin resolución, pero renunciando a su vez a su derecho de justicia, que bien por peso propio en conjunto con otras denuncias generarían suficiente presión para generar cambios.

Guatemala despertó, y con ella desperté, solo para darme cuenta que muy pocos a mi alrededor están dispuestos a pasar del rechazo y la crítica recurrente a acciones aparentemente inútiles, pero que en los últimos días, a diferencia de otras ocasiones, han causado que más personas como yo, despierten y empiecen a alzar la voz, tan lejos o tan cerca como a mi vecindad o al otro lado del planeta.

Guatemala es un país como pocos, que obtuvo su independencia sin pagar el precio que otros pagaron, y es tal vez, por esto, que como guatemaltecos no valoramos nuestra independencia, e ignoramos nuestra obligación y la necesidad de luchar por nuestros derechos y de exigir un país que camina hacia adelante, de rechazar uno que se ha quedado detenido en el tiempo, por la misma mentalidad chapada a la antigua de que solo una cabeza dirige al país, cuando esto jamás ha sido verdad.

Guatemala despertó y desperté con ella, y estoy harto de escuchar críticas hacia el gobierno, más aún de personas que jamás han ido a emitir su voto, tanto o más que de personas que se aprovechan de la “gratuidad” de los sistemas de salud y educación, pero que jamás pagan impuestos y que jamás cumplen con sus obligaciones ciudadanas, pero estoy más harto aún de aquellos que viven quejándose y obviando lo que sucede hoy frente a sus narices.

Guatemala despertó, pero sigo harto de escuchar sobre la ineficiencia e ineficacia de un gobierno, de escuchar a mi familia y a mis amigos quejarse de la situación, de vivir con miedo, y de la ironía e hipocresía de negarse a tomar acción y formar parte de algo; algo que espero sea más que una expresión temporal, un medio que debe ser propio e individual, hasta que sea capaz de generar una acción grupal, la forma o los medios mientras sean pacíficos y legales, no importan, no importa mientras cada quien encuentre la forma que pueda o quiera utilizar, siempre que esta sirva de ejemplo para bien.

2015-05-30 16.42.18

Guatemala despertó, y aunque llevo años despierto, esta vez me levanté y ya no puedo quedarme más tiempo en silencio, en la comodidad de mi casa, de mi vida, de mi mundo; miles han alzado la voz de una u otra forma, cada quien en lo que sus propios medios le permiten, de la forma en que su creatividad los motiva y no veo una razón para que el resto no tomemos acción y hagamos lo mismo; y por medio de acciones particulares generemos consciencia y promovamos los primeros pasos de un cambio, un cambio que es para todos, y no para unos cuantos.

Guatemala es hoy lo que nadie en sus cinco sentidos quiso que fuera, un estado fallido, un estado en el que la representación del pueblo es lo mismo que el pueblo que calla y otorga, lo mismo que cada persona conformista y resignada que acepta vivir con miedo, para no enfrentar el miedo de alzar la voz, por no enfrentarse a lo desconocido, incluso cuando esta simple posibilidad sea ya lo mejor que nos pudo pasar, un grito que ha unido generaciones y ha roto paradigmas.

Guatemala ha dado ejemplo al mundo, irónicamente cuando menos lo esperaban de nosotros, cuando nadie nos recordaba y cuando ha sido demasiado tarde para evitar miles de muertes injustas e injustificadas, pero aún no es demasiado tarde para empezar a generar un cambio liderado por aquellos que ya estamos hartos de la misma historia, aquellos que aunque no tenemos la capacidad para generarlo por medios propios, podemos ser generadores de ideas e ideales, para que aquellos que si poseen los medio puedan iniciar con pie firme el cambio que todos necesitamos con tanta desesperación.

Guatemala pide a gritos un cambio, y mi voz en conjunto con los pocos miles que han tomado la decisión de salir a las calles, de escribir sobre la situación, de hablar públicamente aún rompiendo la eterna “neutralidad” de la prensa; simplemente no son suficientes cuando millones más siguen siendo nada más que inútiles observadores que esperan que otros generen el cambio; volviéndose a su vez parásitos del cambio que otros queremos alcanzar.

Guatemala es su pueblo, y soy parte de esta Guatemala que está cansada, desesperada e incluso harta de lo mismo, pero estoy más harto y emputado de la indiferencia en acciones de aquellos a quienes quiero, valoro y aprecio, y que veo luchar día a día por alcanzar un futuro mejor, pero que a la hora de unir fuerzas y tomar al menos una simple acción, eligen no participar en ello.

Guatemala está llena de malos guatemaltecos que no apoyan, pero que si eligen participar en fiestas, reuniones, salir a comer, ir al cine, hacer deporte o simplemente hacer gala de la pereza y quedarse viendo a los pocos, representar a los muchos, a través de una pantalla de televisión, sin intentar generar un cambio, sin apoyar a generar presión; en lugar de detener su mundo por unas horas, romper con la rutina y “luchar” hombro con hombro por un país ideal, sin más separaciones y sin más diferenciaciones.

Guatemala, es mi país y el país de la mayoría de mis amigos y familia, el país que muchos extranjeros han hecho su hogar, extranjeros que irónicamente se han hecho presentes en las calles apoyando a sus parejas, a sus hijos, a sus amigos por generar un cambio en el país que hoy llaman “hogar”, y a esos que eligen la pasividad, como yo lo he hecho antes, aun en medio de mi imaginación, hoy les digo… No se vuelvan a quejar de nuestra situación, si no son capaces de formar parte de esto, esta es la oportunidad que hemos estado esperado por años, y que difícilmente se volverá a presentar.

Guatemala, ya estoy harto de la indiferencia, de hacerme de la vista gorda, de voltear la mirada, de dar por garantizada y eterna la comodidad de mi vida y más aún de la aceptación, conformismo y resignación de casi todos aquellos que me rodean. ¡¡¡Ya no más!!!

2015-05-30 16.53.10

 
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